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Una de ellas es la pintura, que a partir de las manchas afloran los personajes de su inconsciente, donde el artista da rienda suelta a su imaginación, rescatándolos desde su yo interior. La obra es testimonial; Lilian necesita expresar las vivencias de culturas milenarias, a través de su pincel. La obra de esta artista la podemos definir entre apasionada y cerebral al mismo tiempo. Apasionada por sus rojos intensos, por sus mujeres que afloran sutilmente de sus telas y cerebral por dejar plasmado en sus pinturas todos los personajes que la conmueven de este mundo que nos rodea.
Mirta Furmanski. Buenos Aires, 2002. La obra de Lilian arranca del inconsciente toda su fantasía, a través de figuras distorsionadas, con una amplia gama de colores brillantes, que por momentos recrea el movimiento, dolor y gozo en una misma obra. Su profundo acercamiento a los sentimientos colectivos, hacen de la obra de Lilian una de las más destacadas de su país natal. José Ignacio. México, 2001. |
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